AMLO y la telepatía con Muñoz Ledo en sucesión presidencial

AMLO y la telepatía con Muñoz Ledo en sucesión presidencial


Por Juan Bustillos el 2020-09-21

Cegado por el poder, el presidente López Obrador no puede darse el lujo de ignorar que vive uno de los momentos más peligrosos de su vida política. La sucesión presidencial se ha desatado cuando su sexenio aún no cumple dos años y amenaza pulverizar a la Cuarta Transformación.

De no abrir los ojos tendrá que decir adiós al sueño de figurar en los libros de historia, al menos en los términos que lo sueña.

No se trata del abierto desafío de las clases medias acampadas en la Avenida Juárez en el corazón de la capital de la República a las que insultó la mañana del viernes invitándolas a ser como él y los suyos, a persistir en su protesta por largo tiempo y no por unos días, y conminando a sus líderes a no descansar por las noches en cuartos de hotel.

Olvida el presidente que algunos reporteros en 2006 fuimos testigos que sus carpas permanecían semi vacías o semi llenas, que los líderes no pernoctaban en ellas, ni siquiera él, excepto cuando había que posar para la foto, y que era frecuente encontrarlos alimentándose como Dios manda en los restaurantes de la zona.

El riesgo no está tampoco en la rebelión de los intelectuales orgánicos, por más que sólo los considera añorantes de la corrupción del neoliberalismo.

El peligro no reside siquiera en cómo decidan reaccionar quienes sientan que la lumbre les está llegando a los aparejos gracias a la inquebrantable lealtad al presidente de Santiago Nieto y a su Unidad de Inteligencia Financiera, y a la arrogante libertad que disfrutan el Poder Judicial de la Federación y la Fiscalía General de la República para perseguir a los señalados de haberse hinchado los bolsillos en los pasados inmediato y mediato. Ellos esperarán pacientes en sus escondrijos palaciegos a que el tiempo u otros les hagan el favor.

El peligro está más cerca de lo que imagina. En el insaciable ego de Porfirio Muñoz Ledo que podría convertir la Cuarta Transformación en sueño guajiro.

No tiene por qué creerme, pero si dispone de un poco de tiempo puede leer la columna del viernes de Ricardo Raphael en Milenio y la entrevista que El País le publicó este sábado al ex líder nacional del PRI y del PRD que, en el ocaso de su vida, ahora busca encabezar Morena sabedor de que, con 91 años, no podrá cumplir en 2024 el sueño de su mentor profesional y de vida, Mario de la Cueva, ser presidente de México.

Al presidente toca dilucidar el misterio: ¿para quién trabaja Muñoz Ledo? ¿Sólo para construir su propio monumento que podría ser un yoyo?.

En ambos documentos, el villano favorito de Porfirio es Marcelo Ebrard. Lo identifica como el más desatado aspirante a sucesor de López Obrador. Lo culpa de aliarse con Donald Trump para violar los derechos humanos de los migrantes centroamericanos. Como si el secretario de Relaciones Exteriores se mandara solo, como si la vida no hubiese enseñado al presidente la inconveniencia de enfrentar enemigos de estatura mayor.

El acarreador de intelectuales orgánicos en beneficio de Luis Echeverría, el que convenientemente ha olvidado los discursos para justificar el actuar de Gustavo Díaz Ordaz en 1968, el competidor presidencial de Vicente Fox que traicionó a la izquierda para aceptarle una chamba de embajador en Europa, el compañero del kínder de Cuauhtémoc Cárdenas a quien no perdona ser el hijo del Tata, y el que se proclama iniciador de la ahora llamada Cuarta Transformación de AMLO, considera que Marcelo es como él: “la ambición lo devoró. Adán cayó del paraíso, por un solo pecado: la soberbia…”

Soberbia que lo lleva a decir sandeces sólo por el gusto de leerse.

Es probable que en la entrevista con El País ya no estuviera en su estado natural, en el que quizás platicó con Ricardo Raphael, y que por eso ya no repitió su temor de que para evitarle dirigir Morena, sus contrarios “hasta venenito me pueden mandar”.

La pura insinuación de que lo podrían querer quitar de en medio con “venenito” es suficiente para que López Obrador se meta al arguende que se ha armado en Morena.

Porfirio podría hacerle un desmadre que al final sólo al presidente perjudicará.

Por lo pronto ya tiene contra la pared a otro de sus competidores, Gibrán Ramírez, defendiéndose de supuestas corruptelas en el IMSS.

No hay duda, Porfirio se encuentra en el mismo estado que al experimentar la epifanía reveladora de que López Obrador es cruzado, iluminado e hijo laico de Dios. Hasta está convencido de que ambos podrían ser personajes de “Stranger Things”, pues se comunican mediante telepatía.

Allá el presidente si no es capaz de explotar esta cualidad extrasensorial que le desconocíamos y ponerse a leer la mente del aspirante a dirigir Morena. A partir de ello deberá optar por el proyecto de Porfirio o por el suyo. Sí, el riesgo está en casa.

*BC